viernes, 16 de agosto de 2013

Cinco mujeres uniformadas



Para una mujer ir a una fiesta en donde se encuentre a otra mujer con el mismo vestido puede ser drama y esto aumenta cuando son cinco las mujeres que se ven en esta situación, eso pensaba antes de ir a ver la obra de teatro, en realidad que estas cinco mujeres estén en la misma fiesta y tenga un mismo vestido tiene una razón, son las damas de honor y están huyendo de la recepción organizada por la boda.


“Cinco mujeres con el mismo vestido” (Five Women Wearing the Same Dress) fue escrita en tono de comedia por Alan Ball, el escritor de American Beauty, y  como todas las comedias encierran en el fondo críticas duras y unas cuantas verdades.


Estás cinco mujeres se refugian en la habitación de la hermana de la novia, aunque son tan diferentes la una de las otras tienen más en común entre ellas que con la novia, ninguna es realmente su amiga.


Estas mujeres muestran sus actitudes, sus puntos de vista, sus carencias, secretos, miedos y frustraciones, en capas, como el único vestido que lucen. El ambiente que se crea es bien divertido porque te hacen parte de esa reunión de Francis (Angélica Arteaga), la prima de la novia que se esconde bajo una religiosidad bastante superficial, Marilú (Melissa Wolf), la hermana rebelde de la novia, Tina (Elaiza Gil), la que fue amiga de la novia y la que tiene una amplia experiencia amatoria porque decidió no enamorarse más para no desilusionarse, Georgina (Mariangel Ruíz), una mujer enamorada de un hombre que no es su esposo, Amanda (Samantha Castillo), la hermana del novio.


En el momento culminante de la obra se presenta Alejandro Ackerman, el primo del novio, interpretado con Wadih Hadaya de forma muy solvente, que es el encargado de mostrarle una cara diferente del amor posible a Tina.


Angélica Arteaga tiene toda la inocencia que Francis requiere, además de mostrar con facilidad esa hipocresía que mucho esconden tras una “religiosidad” mal entendida. Melissa Wolf maneja con facilidad todas las transiciones de Marilú desde la euforia, la rabia y el drama. Elaiza Gil tiene siempre eso que quieres ver, que quieres sentir, su forma de decir y hacer es tan natural que lo hace parecer tan fácil, te hace de Tina un personaje tan real que no puedes más que agradecerle. Mariangel Ruíz es impecable, se desborda en el escenario con toda la frustración de Georgina, mucha fuerza y mucha verdad. Samantha Castillo es una Amanda sensual y cruda, nos muestra un punto de vista muy interesante pues tiene una preferencia sexual distinta.


La dirección de Héctor Manrique ya se ha convertido en un sello de calidad, sin duda alguna y se confirma vez tras vez. En cada actor se puede reconocer sus movimientos, sus formas de decir, de estar y hacer.


“Cinco mujeres con el mismo vestido” te deja una sensación agradable y te permite revalidar lo que realmente es importante, el amor, las relaciones, la complicidad y la solidaridad como valor, a pesar de sus diferencias estas uniformadas mujeres logran reconciliarse con ellas y con las otras para seguir disfrutando de la fiesta de locos que es vivir.


viernes, 2 de agosto de 2013

Todavía quisiera ser un pez



“Tengo un corazón mutilado de esperanza y de razón” es de madrugada y suena por primera vez en mi cabeza esa canción, impacta en mi pecho. Recuerdo lo rápido que me aprendí cada frase y con la intensidad que unos días después la cantaba, con ese ritmo que no había oído antes.  Iba con mi mamá de camino a su trabajo.

Me da risa recordar algunas frases que fueron modificadas por mí, tal vez por mi inocencia infantil o por lo mal que se escuchaba el reproductor de casette, el hecho es que cantaba cosas como “pobre corazón que no atrapa su gordura”, “pasar la noche en tela”, “canta corazón no te nubes de amargura”. No entendía tantas metáforas, no entendía el alto contenido erótico de la canción y sin embargo esa canción me llegaba, quería ser un pez, hacer burbujas de amor bajo la luna y sentir eso que sentió el Señor Juan Luis Guerra.

Voy camino a mi trabajo, han pasado los años y esta canción ha sonado muchas veces, en muchos momentos. Hoy especialmente la vuelvo a oír y me descubro cantándola, con la misma intensidad de cuando niño o tal vez más. Los pies se me mueven solos y pronuncio cada palabra saboreando lo que canto, lo comprendo, lo sé y además lo siento, las imágenes van y vienen, como olas de mar. Han pasado los años y todavía quisiera ser un pez, tocar mi nariz en tu pecera, sé que esa canción me habla de un anhelo, de un cuento de Cortázar, de amores imposibles y profundos como el mar, de las ilusiones, de la poesía bordada, de madrugadas impacientes, sin dormir y con el alma desnuda mojado en ti.