viernes, 23 de octubre de 2015

"Casi Normal" como nosotros

Ir a “Casi Normal” es la oportunidad de expiar por la ventana en la intimidad de una típica familia feliz. Al asomarte te encuentras a Diana, sentada esperando la llegada de su hijo Gabo, mientras Dani se despierta y Natalia no deja de estudiar, todo aparentemente muy normal hasta que Diana comienza a preparar el desayuno, en el suelo. Todo gira alrededor de Diana y su bipolaridad, hasta la casa, pero su trastorno bipolar es sólo un pretexto para mostrarnos una historia de lazos familiares, de cómo sobreponerse a las dificultades, de los duelos, de cosas que no se han hablado, cosas que no se han resuelto y de ser feliz sin manual, de no perder las esperanzas.
La familia Goodman podría ser nuestra propia familia, es muy fácil identificarse con alguno de los personajes en algún momento porque todos tenemos familias “casi perfectas” si son vistas de lejos.
Esta obra de teatro musicalizada nos muestra el recorrido de cada personaje desde su realidad por una trama profunda que vas descubriendo, que es conmovedora y tiene muchos momentos de humor, que te atrapa, te muerde y suelta. Es muy cinematográfica, nada predecible y te va llevando de la mano alegremente hasta desbarrancarte. Marcel Rasquin, el Director General, se encargó de buscar los detalles, diferencias y matices para mostrar responsablemente el dinamismo que tiene el transcurrir de los días de esta familia. Una excelente forma de estrenarse dirigiendo musicales.
Casi Normal tal vez sea un musical más para actores que canten que para sólo cantantes, porque cada personaje debe mostrar sus marcas, el “hueco en el alma” al que hace referencia Marcel Rasquin. Es una historia intensa  en la cual se deben mostrar muchas emociones en poco tiempo, además de tener una altísima exigencia vocal.
Karina con toda su generosidad y verdad nos entrega una Diana Goodman divertida, contundente y frágil. Su voz recorre y llena cada espacio, te eriza la piel y te estremece desde adentro, explotando toda la paleta de colores que maneja para pintar los sentimientos y el mundo de una persona que vive con una “normalidad” que se le escapa de las manos.
Napoleon Pabón es Dani Goodman, un buen hombre, amante esposo y padre, encargado de hacer encajar la piezas y tratar de “mantenerlas juntas”. Napo hace un trabajo muy integro, limpio, muy creíble, conmovedor, sorprendente y entregado, es un gusto escucharlo y descubrirlo como actor.
Laura Guevara es Natalia, una hija adolescente de 15 años que no comprende la enfermedad de su madre, que vive atemorizada por ser como ella y trata de ser perfecta pero está llena de conflictos. Un reto altísimo con el que supo lidiar justamente, al igual que Alejandro Sojo que es Gabo, el hijo de 17 años que parece ser el preferido de su madre y mantiene una relación de dependencia con ella.
Tico Bernet es Henry, un chamo lleno de ingenuidad, sueños y promesas, es el encargado de enamorar en cada función a Natalia.
Alí Rondón, hace los dos médicos que tratan a Diana, dos personajes muy diferentes representados de manera sobresaliente.
En Venezuela, en donde ya nada es casi normal, ver este musical es un bálsamo, es ser testigo de un espectáculo de muy alto nivel, en donde la música genera climas, acompaña cada sentimiento y los subraya de forma casi mágica, con la genial dirección musical de Santos Palazzi que hace un trabajo impecable que traspasa el escenario con Pablo Agreda, Laurent Lecuyer, Luvin Villasmil, Ana Elba Dominguez, Efrain Gonzalez y Mauricio Viana.
El poder de la música, una historia contundente, imágenes, luces, el mejor de los sonidos, un vestuario acorde y el compromiso de todos los que trabajaron y trabajan todos estos días para brindar lo mejor, por acércanos Broadway y con humildad, con pasión, con honestidad, con dolor, presentarnos algo digno de ver, de vivir, la oportunidad maravillarse y agradecer. Es un sube y baja de emociones, es sentir que se pueden superar las adversidades, es un nudo en la garganta, es reír llorando, es ver siempre algo de luz, es una experiencia inolvidable, es levantarse del asiento y aplaudir irremediablemente.


"un trabajo impecable, de altísimo rigor y nivel. Karina está gloriosa. ¡Mi ovación para todos!" Leonardo Padrón

"Si ustedes quieren saber en qué lugar el país SI avanza, es allí, Regalo para el espíritud y para el alma. Inspiración para los que ejercemos este complicado oficio llamado teatro musical" Mariaca Semprún


“Uno se refleja como ser humano en muchas situaciones que suceden ahí” Kiara
 
"Extraordinaria Casi Normal. Grande Karina lo tiene todo! Conmovedora, espectacular, fuera de serie, no se la pierdan! Genial dirección musical Santos Palazz" Julie Restifo


"Salimos del musical Casi Normal con la convicción de que estamos ante un espectáculo digno de las grandes metrópolis. Brava KARINA" Javier Vidal

domingo, 11 de octubre de 2015

Nuestra propia Vida Boheme


Las sillas fueron sólo un elemento decorativo, casi imperceptible, todos de pie y desde la primera canción quedó claro que ese instante era nuestro, “nuestra fiesta”. Los problemas, el país, el mundo se detenían para que pudiéramos respirar, llenarnos de colores, luces y sonidos, para ser y estar sin que nada más importe.
En ese momento de comunión cada gesto, cada silaba, cada vocal, cada grito, fueron correspondidos. Cada canción era más que música con palabras, eran miles de saltos, lágrimas, emoción, recuerdos, viajes, y sobre todo agradecimiento. La música nos hace sentir que no estamos solos, es el vínculo que unía a cada una de las almas que estuvo en ese espacio donde fuimos, nos buscamos, nos reconocimos, nos reconciliamos, fuimos luz y nos sanamos un poco de tanta realidad,  porque hay música que puede curar, la música “te pone mejor” una vez le escuché decir a Chevy.
La Vida Boheme vino a hacer lo que sabe hacer, con pocas palabras Henry pidió disculpas por no hablarnos para que pudiéramos disfrutar más, aunque cada palabra entre canción y canción, fue tan honesta, tan sentida, tan coherente, tan necesaria y tan suficiente como cada silencio.
Una canción puede llevarnos lejos y acercarnos tanto, hay frases sueltas que nos llegan justo en el momento que las necesitamos, que hacen eco en nosotros y repetimos como una especie de mantra mientras nos dejamos llevar por el amoroso trance de estar y no.
La piel se erizaba en oleadas de orgullo de verlos en su casa, porque sí hay profetas en su tierra. Gente de todas las edades todavía con sus camisas manchadas de pintura o negras como el petróleo, nos agitamos para buscar la calma y ser felices luego de drenar toda la energía y recargarnos. Gracias por venir a hacerle el amor a la ciudad de esta manera tan hermosa.
Podía sentir las ganas de todos de cantar hasta las canciones nuevas, de no dejar "cantando solo, jamás" a Henry. Así fue como fuimos Radio Capital, Calle Barcelona, Angelitos Negros, Lejos, Hornos de Cal, Flamingo, Mi Mar mi Nada, El Zar, La Sangre & El Eco, Viernes Negro, Pupitres en Fuego, La Bestia, La Piel Del Mal, Sentimiento, Buen Salvaje, Danz, Nicaragua, Domingo, Aún y La Vida Mejor, todo en un momento donde fuimos familia, recordamos que somos gente primero que nada y que eso que hacemos por quienes están a nuestro lado tal vez nos salva.
Mi experiencia en este concierto entre en el territorio de lo inexplicable, es algo que sólo pudimos sentir los que estuvimos anoche, los que han estado y lo que estarán en sus próximos conciertos. Una noche para escuchar nuestras canciones y abrir la puerta a lo que vendrá, más allá de las dificultades e inconvenientes. Un concierto para no olvidar, para revivir y volver siempre.
Ya no recuerdo hace cuánto escuché por primeva vez sus nombres o alguna canción de ellos, tal vez porque de alguna forma ya están incorporados a nuestra propia vida boheme. Gracias por convocarnos y llenarnos de música, aún hay aún, podemos construir la vida mejor, felices y desbordados.