martes, 8 de agosto de 2017

Adiós…



Cuando una hoja se cae del árbol eso es una despedida, en cada adiós algo se despega de uno y algo nuevo comienza. No me gustan las despedidas, no me gusta ser definitivo, sólo la muerte es definitiva e irremediable. No me gusta decir adiós y lo digo sólo cuando siento que algo se desprende de mí.
Decir adiós, no es un punto final, siempre debe tener puntos suspensivos, Un adiós es necesario y no siempre tenemos esa oportunidad, decir adiós es crecer y empezar a sanar, aunque no sea definitivo es necesario. Uno no se despide de sus olores, de sus sabores, de sus lugares, de una vida, de las personas que te importan, porque a donde uno va eso forma parte de lo que uno es y lo que uno será.
No sé explicarme lo que fuiste para mí, no me lo creo. Fui muy feliz a tu lado, mi casa fue un hogar, un abrazo una razón para suspirar, un micromundo era un universo. Todo fue nuevo y más que diferente. Sentí que juntos podíamos con todo, tan fuertes y valientes como un rayo de sol. No puedo más que agradecerte.
Me hiciste bien, yo quise hacerte bien. Después de ti soy alguien mejor. En tu calor me forjé y con tus colores llenaste un espacio en blanco, una zona no habitada, me desbordaste con tu energía bonita, fuiste paz y caricias en el alma. Contigo me conocí mejor. Que afortunado fui de tenerte, de ser tu angel guardián.
Esa última mirada tuya me atravesó el alma, hay cosas que no se pueden decir y que te aprietan desde adentro el cuello, te subraya la mirada en agua de mar. Hay cosas que sólo se dicen con un abrazo.
Gracias porque siempre que me pregunté: ¿Valdrá la pena? La respuesta fue SÍ, gracias porque los malos momentos nunca pesaron más que los buenos, la balanza termina inclinada a tu favor, de alguna forma en esos días me salvaste la vida de muchas maneras, estoy en deuda. Gracias por tu dulzura, porque contigo fui niño de nuevo. Gracias por todo lo que me diste sin saber que tuviste, simplemente con estar y con ser. Gracias dejarme ver un momentico en tu alma. Me enseñaste muchas cosas, incluso a sobreponerme y sigo aprendiendo de ti. Dios te puso y me puso en tu camino para que ir más allá de esta barricada.
Mi mano sigue extendida, te suelto y me soltaste. Ya no tienes que preocuparte por lo que me pase, ni decirme que me quieres, ni recordar fechas, sigue nadando como si nada. Eres más que unas siglas, eres alguien que me hizo vivir años en días, mientras mi ciudad se derrumbaba yo me enamoraba. Todos los milagros que pedí para ti ya están en camino, siempre pon de tu parte y sigue haciendo que las cosas ocurran, piensa en mí y sonríe, que yo también lo hago en este largo instante de extrañarte. Adiós…

jueves, 3 de agosto de 2017

La vida es un viaje a ciegas.



Con poco sentido y en desorden muchas veces, a destiempo, inconexo, con un exceso de luz que no te deja ver o poca claridad, con o sin propósitos, casi siempre sin caminos, te dejas llevar por el viento, te arrastran o remontas. Te guía el instinto, los sentidos, lo que te sucede y lo que piensas, lo que aprendes, lo inevitable y lo que no te esperas, caminamos con los ojos vendados, continuamos, seguimos, buscándonos.