Desde la contradicción hasta
el sin sentido, a veces el corazón nos extravía, se nos extravía y para encontrarlo
está la música. La música se acumula en capas en el alma, es el hilo conductor
de las emociones, de mis recuerdos. Al escuchar una canción conecto conmigo,
con un instante, percibo olores, sabores, me siento en casa y libre.
Cuando es muy tarde para
volvernos a dormir y muy temprano para despertar oigo música. Cuando me siento
bien, cuando me siento mal, y cuando no sé cómo sentirme, escucho alguna
canción y recuerdo si mandé la frase en un mensaje de texto, el momento exacto en
que esa voz me erizó la piel extremadamente y la vez que le presenté esa
canción importante a alguien importante.
Muchas veces escuché alguna
canción y agradecí por no sentir eso tan desgarrador que se dice con alguna melodía
sencilla y desde adentro aprieta el nudo de la garganta. Otras tantas veces estuve
solo y al oír una canción ya no estaba solo, porque la música también nos une y
conecta. Otras veces dejé de oír canciones porque dolían, porque hay canciones que curan y también abren heridas.
Gracias a la música sé de
donde vengo, donde vivo, recuerdo cómo era y todo lo que he cambiado.