La poesía
siempre está aunque no siempre la ves, en cualquiera de sus formas, en lo
cotidiano. Uno cree que la conoce, que la saborea, la degusta, la entiende, la
disfruta, que te llega y la acaricias.
En algunos instantes y de pronto, con la
contundencia y el vértigo que nos dan algunas situaciones, la poesía se hace carne en mí.
En ese instante realmente la entiendes, la sientes y la padeces, descubres su
verdadero sabor, la comprendes en tu alma y la repites en voz baja, como ese
amor que está en ti y que nadie puede ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario