Cuando
llueve todo se congestiona, los minutos se empapan, se mojan los pies, se salpican las ropas, las horas se retrasan, los
taxis se disuelven, los carros se expanden o se empoza el tráfico. La ciudad se
hace navegable, proliferan los espejos encharcados, los vidrios de la ciudad
lloran las ausencias, suben los niveles de no querer hacer nada, de no dejarse
fluir con el agua, de quedarse en cama, no hay represa que contenga las ganas
de abrazarse con todo, con los brazos, con las piernas, con todo el cuerpo y el
alma. Cuando llueve todo se congestiona,
hasta los recuerdos.
Nunca había leído nada semejante... Tan certero y emotivo, tan vital e íntimo, tan empapado de sentimientos.
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