“Tengo un corazón mutilado
de esperanza y de razón” es de madrugada y suena por primera vez en mi cabeza esa
canción, impacta en mi pecho. Recuerdo lo rápido que me aprendí cada frase y
con la intensidad que unos días después la cantaba, con ese ritmo que no había oído
antes. Iba con mi mamá de camino a su
trabajo.
Me da risa recordar algunas
frases que fueron modificadas por mí, tal vez por mi inocencia infantil o por
lo mal que se escuchaba el reproductor de casette, el hecho es que cantaba
cosas como “pobre corazón que no atrapa su gordura”,
“pasar la noche en tela”, “canta corazón
no te nubes de amargura”. No
entendía tantas metáforas, no entendía el alto contenido erótico de la canción
y sin embargo esa canción me llegaba, quería ser un pez, hacer burbujas de amor
bajo la luna y sentir eso que sentió el Señor Juan Luis Guerra.
Voy camino a mi trabajo, han
pasado los años y esta canción ha sonado muchas veces, en muchos momentos. Hoy especialmente
la vuelvo a oír y me descubro cantándola, con la misma intensidad de cuando
niño o tal vez más. Los pies se me mueven solos y pronuncio cada palabra
saboreando lo que canto, lo comprendo, lo sé y además lo siento, las imágenes van
y vienen, como olas de mar. Han pasado los años y todavía quisiera ser un pez,
tocar mi nariz en tu pecera, sé que esa canción me habla de un anhelo, de un
cuento de Cortázar, de amores imposibles y profundos como el mar, de las
ilusiones, de la poesía bordada, de madrugadas impacientes, sin dormir y con el
alma desnuda mojado en ti.
Me resulta mágico el modo en que la vida me regala el conocerte poco a poco y de esta manera.
ResponderEliminarAlgo en mí se alegra cada vez que te leo y me descubro en tus palabras.
Esta canción también la escuché por primera vez cuando era pequeña y desde entonces me encanta.
Mi padre llevaba un cassette en el coche y en casa teníamos dos discos de vinilo de esos que ya no sé dónde fueron a parar...
Juan Luis Guerra me encanta. Su poesía, su manera de darle música a la vida...
Siempre me acompaña desde entonces. Pasó un tiempo en que no lo escuché, pero en mi mente recordaba como un flash de la melodía y cuando lo volví a encontrar ya no me separé (excepto esas veces en que uno prefiere no escuchar cosas que le hagan sentir demasiado).
Yo no recuerdo si la aprendí pronto o no, pero sí recuerdo que la sentía de vez en cuando y no sabía de dónde llegaba ni por qué.
Sin duda, ahora que he leído en tanta ternura e inocencia, la esencia que la envuelve, será mucho más especial para mí.