lunes, 15 de junio de 2015

Ni que nos vayamos



En algunas obras el nombre lo dice todo y en otras tantas no dice nada. En esta obra, “Ni que nos vayamos nos podemos ir”, el nombre resulta una advertencia, te descubre rápidamente lo que te vas a encontrar en la sala de teatro pero no te deja intuir el cómo lo encontrarás, la forma en que está dicha y hecha esta obra es muy especial.
Lupe Gehrenbeck es un nombre que refleja lo que somos los venezolanos, tan criollos como extranjeros, sin duda es una artista con todas sus letras que nos regala como escritora su esencia, ese perfume tan particular que nos deja en el alma las nostalgias. Nadie mejor que ella para dibujarnos de esta manera tan amorosa en palabras y en personajes.
Casi todos los venezolanos tenemos un inmigrante en el árbol genealógico pero en los últimos años varias hojas, ramas, han emigrado. Casi es una realidad que el principal producto de exportación de Venezuela seamos los venezolanos.
“Ni que nos vayamos nos podemos ir” es una obra contundente, finamente tejida, llena de detalles, graciosos y evocadores, con momentos sublimes y sorprendentes que permiten al espectador participar en la historia, sentirse parte. Es una obra de teatro que a muchos les habría gustado escribir, pero que sólo Lupe podría hacerlo de esta manera.
El elenco está conformado por Caridad Canelón que con su calidad y su calidez nos muestra a la entrañable Elvira, una madre venezolana a punto de emigrar, que se debate entre sus querencias, sus recuerdos y el amor a sus dos hijas, Carolina que vive en Miami con sus nietos (Gladys Seco) y Candela que vive en Caracas siendo parte del “proceso revolucionario” (Nattalie Cortez). Elvira se encarga de contarnos, encantarnos y cantarnos en compañía de la noble Alberta (Simona Chirinos) que, con su personalidad chispeante, nos hacen viajar por la realidad y sus recuerdos, por la risa y por el llanto, mientras intentan organizar todo para mudarse llevándose un poquito de país en unas cajitas. Con la dedicada dirección de Oswaldo Maccio.
Nattalie Cortez hace crecer la obra con su actuación impecable y honesta, porque esa una apasionada actriz y además conoce la experiencia de emigrar de primera mano. Gladys Seco, transmite la distancia y la ansiedad del emigrado, la dualidad que experimentan los que están lejos y siguen vinculados al país.
En estos años he despedido a muchos familiares y amigos (valga la redundancia), pienso que cada quien debe buscar las experiencias que desea vivir para valorar lo que tienen, para crecer o simplemente para moverse, tal vez irse de Venezuela es divorciarse justo cuando más se ama o quedarse también sea una manera de estar distanciados, es un tema con múltiples matices y razones. Mientras tanto a mí me gusta pensar que los que nos quedamos aquí les estamos cuidando el lugar para cuando quieran volver.
Ver teatro de autores venezolanos es una oportunidad de conocernos, de reconocernos y encontrarnos, de hacer catarsis y también sanarnos un poco. Ver esta obra sin duda es un paseo de emociones, esta es una obra que me gustaria que todos vieran al menos una vez. Buen viaje.


Teatro BOD
Sala Experimental
Viernes 8 PM
Sábados y Domingos 6 PM

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