En algunas obras el nombre lo dice
todo y en otras tantas no dice nada. En esta obra, “Ni que nos vayamos nos
podemos ir”, el nombre resulta una advertencia, te descubre rápidamente lo que
te vas a encontrar en la sala de teatro pero no te deja intuir el cómo lo
encontrarás, la forma en que está dicha y hecha esta obra es muy especial.
Lupe Gehrenbeck es un nombre que
refleja lo que somos los venezolanos, tan criollos como extranjeros, sin duda
es una artista con todas sus letras que nos regala como escritora su esencia,
ese perfume tan particular que nos deja en el alma las nostalgias. Nadie mejor
que ella para dibujarnos de esta manera tan amorosa en palabras y en
personajes.
Casi todos los venezolanos tenemos
un inmigrante en el árbol genealógico pero en los últimos años varias hojas,
ramas, han emigrado. Casi es una realidad que el principal producto de
exportación de Venezuela seamos los venezolanos.
“Ni que nos vayamos nos podemos ir”
es una obra contundente, finamente tejida, llena de detalles, graciosos y
evocadores, con momentos sublimes y sorprendentes que permiten al espectador
participar en la historia, sentirse parte. Es una obra de teatro que a muchos
les habría gustado escribir, pero que sólo Lupe podría hacerlo de esta manera.
El elenco está conformado por Caridad
Canelón que con su calidad y su calidez nos muestra a la entrañable Elvira, una
madre venezolana a punto de emigrar, que se debate entre sus querencias, sus
recuerdos y el amor a sus dos hijas, Carolina que vive en Miami con sus nietos
(Gladys Seco) y Candela que vive en Caracas siendo parte del “proceso
revolucionario” (Nattalie Cortez). Elvira se encarga de contarnos, encantarnos
y cantarnos en compañía de la noble Alberta (Simona Chirinos) que, con su
personalidad chispeante, nos hacen viajar por la realidad y sus recuerdos, por
la risa y por el llanto, mientras intentan organizar todo para mudarse
llevándose un poquito de país en unas cajitas. Con la dedicada dirección de Oswaldo Maccio.
Nattalie Cortez hace crecer la obra
con su actuación impecable y honesta, porque esa una apasionada actriz y además
conoce la experiencia de emigrar de primera mano. Gladys Seco, transmite la
distancia y la ansiedad del emigrado, la dualidad que experimentan los que
están lejos y siguen vinculados al país.
En estos años he despedido a muchos
familiares y amigos (valga la redundancia), pienso que cada quien debe buscar
las experiencias que desea vivir para valorar lo que tienen, para crecer o
simplemente para moverse, tal vez irse de Venezuela es divorciarse justo cuando
más se ama o quedarse también sea una manera de estar distanciados, es un tema
con múltiples matices y razones. Mientras tanto a mí me gusta pensar que los
que nos quedamos aquí les estamos cuidando el lugar para cuando quieran volver.
Ver teatro de autores venezolanos es
una oportunidad de conocernos, de reconocernos y encontrarnos, de hacer
catarsis y también sanarnos un poco. Ver esta obra sin duda es un paseo de
emociones, esta es una obra que me gustaria que todos vieran al menos una vez.
Buen viaje.
Teatro BOD
Sala Experimental
Viernes 8 PM
Sábados y Domingos 6 PM

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