Nunca quise ser alguien
común y esto de seguir la moda de “soltar” lo que se ama me resulta una salida
fácil, muchas veces es sólo huir, no querer arreglarnos, no cuidarnos, no darle
la importancia a lo que se siente, no valorarlo oportunamente.
Sin duda que soltar es una
lección que se debe aprender, pero al final de todo, cuando ya no hay esperanza
ni nada más que intentar, cuando el amor duele, cuando la mano con la que tapabas
el sol ya no es suficiente y cuando ya nada lo es.
Suéltame después de haber
jugado tanto con fuego y sentir todo tu calor, cuando vuelva a ser nadie y no
quepa en tus planes, después que te presente mis besos y las caricias que tengo
del tamaño de tu espalda, cuando tu refugio no sea mi pecho, después de varios
desayunos en la cama, cuando la forma en la que levanto la ceja no te guste,
cuando no sientas que soy tuyo.
Llegaste a mi vida sin
previo aviso, me tocó improvisar todo, despertar sentimientos que no conocía y
decir lo que nunca pensé, me costó toda tu vida encontrarte para soltarte tan
rápido. No puedo irme con el corazón roto y los labios intactos, me sueltas y no
soy capaz de reaccionar.
Deberías obligarme a
quedarme, abrazarme más fuerte y sincronizarnos el corazón. No hay razón para
que te subestimes y desconozcas tu hechizo, estoy atrapado en tu encanto, soñándote y buscándote en sueños.
Las lágrimas en tus ojos me
robaron el aliento, te escribí tanto para procurar no estar tan lejos, quise más
que tocar tu puerta y erizarte sin rozarte, enamorarte sin que nos demos
cuenta.
No me sueltes porque perdemos
los dos. Acepto todo lo que venga de ti, pero no puedes pedirme no te extrañe como algo mío.
Aunque pueda olvidar todo lo
que sabía estoy seguro que te extrañaría, no me lo perdonaría porque es cierto el amor no se mendiga,
pero déjeme estar de algún modo en tu vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario