“Guaco es
Guaco” es una frase sencilla pero que los contiene y los define como algo que
no se puede definir, un ritmo que no se parece a ningún otro pero que tiene un
poco de todos, como los venezolanos.
La música de
Guaco nos reúne, pero en esta oportunidad es el pretexto para recordarnos lo
que somos, lo que fuimos y lo que podemos ser. Desde “la dignificación de los
oficios” pasando por las historias de amor y desamor más intensas, desembocando
en lo tradicional, en el “sentimiento nacional”.
La buena
música se va con uno, pasa de generación en generación como una herencia
entrañable y con las canciones de Guaco pasa esto. Seguro mientras lees esto,
en algún recóndito lugar del mundo se oye alguna canción de Guaco, en alguna
casa, en alguna habitación, junto con miles de recuerdos y emociones.
Vivo es un
musical que palpita con cada uno de los asistentes. Se desarrolla en “El
Pastelero” un bar afectado por la crisis que vive actualmente Venezuela, aunque
bien podría ser cualquiera de las crisis anteriores. En el bar ocurre lo que
esperas y lo inesperado, lo mágico y lo sublime, los encuentros y las
despedidas, un viaje en canciones que son nuestras canciones de Guaco pero con
diferentes ritmos y acentos.
Rolando
Padilla es Antonio, quien es el encargado de unir las historias de Aldo (Cayito
Aponte) y Natalia (Mariaca Semprún). Rolando Padilla y Cayito Aponte hacen una
mancuerna impecable en la actuación y canto. Mariaca Semprún quien cada vez me parece
que nació para los musicales y también viceversa, danza con la hermosura
alborotada aún en la nostalgia y más aún en la sonrisa.
Muchos
podrían creer que el musical es un homenaje a Guaco pero es más que eso, es un
homenaje al país, a nuestros músicos que son los mejores del mundo y para la
muestra está la “Vivo Band” que suena poderosamente bajo la dirección del
pequeño gigante de la música, Adolfo Herrera.
El guión de Eduardo Sánchez Rugeles, las
actuaciones y las canciones te hacen pasar de la risa al llanto de una forma
tan natural que casi no lo notas. Es un orgullo, es la piel erizada, poder
disfrutar de un musical de calidad que habla de nosotros y que toca temas tan
sensibles. “Vivo” se convirtió un abrazo y un aplauso prolongado durante casi
dos horas de espectáculo realmente espectacular.
