viernes, 28 de agosto de 2015

"Vivo" para vivir un musical venezolano



“Guaco es Guaco” es una frase sencilla pero que los contiene y los define como algo que no se puede definir, un ritmo que no se parece a ningún otro pero que tiene un poco de todos, como los venezolanos.

La música de Guaco nos reúne, pero en esta oportunidad es el pretexto para recordarnos lo que somos, lo que fuimos y lo que podemos ser. Desde “la dignificación de los oficios” pasando por las historias de amor y desamor más intensas, desembocando en lo tradicional, en el “sentimiento nacional”.

La buena música se va con uno, pasa de generación en generación como una herencia entrañable y con las canciones de Guaco pasa esto. Seguro mientras lees esto, en algún recóndito lugar del mundo se oye alguna canción de Guaco, en alguna casa, en alguna habitación, junto con miles de recuerdos y emociones.

Vivo es un musical que palpita con cada uno de los asistentes. Se desarrolla en “El Pastelero” un bar afectado por la crisis que vive actualmente Venezuela, aunque bien podría ser cualquiera de las crisis anteriores. En el bar ocurre lo que esperas y lo inesperado, lo mágico y lo sublime, los encuentros y las despedidas, un viaje en canciones que son nuestras canciones de Guaco pero con diferentes ritmos y acentos.

Rolando Padilla es Antonio, quien es el encargado de unir las historias de Aldo (Cayito Aponte) y Natalia (Mariaca Semprún). Rolando Padilla y Cayito Aponte hacen una mancuerna impecable en la actuación y canto. Mariaca Semprún quien cada vez me parece que nació para los musicales y también viceversa, danza con la hermosura alborotada aún en la nostalgia y más aún en la sonrisa.

Muchos podrían creer que el musical es un homenaje a Guaco pero es más que eso, es un homenaje al país, a nuestros músicos que son los mejores del mundo y para la muestra está la “Vivo Band” que suena poderosamente bajo la dirección del pequeño gigante de la música, Adolfo Herrera.


El guión de Eduardo Sánchez Rugeles, las actuaciones y las canciones te hacen pasar de la risa al llanto de una forma tan natural que casi no lo notas. Es un orgullo, es la piel erizada, poder disfrutar de un musical de calidad que habla de nosotros y que toca temas tan sensibles. “Vivo” se convirtió un abrazo y un aplauso prolongado durante casi dos horas de espectáculo realmente espectacular.


jueves, 20 de agosto de 2015

Menos mal



De tantos labios diferentes hemos escuchado un “menos mal” y que agotador me resulta últimamente.


Tal vez hay que escapar del menos mal que estás bien, del menos mal que no te pasó, del menos mal que trata de consolarnos o intenta resignamos. Tal vez debamos movernos al menos mal menor, al verdadero menos mal, al menos mal donde las cosas son mejores, donde somos mejores y donde pasamos del “menos mal” al “más bien”.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Todos tenemos un ritmo



El planeta tiene su ritmo, al girar y al trasladarse, con sus ciclos y ciclos dentro de otros ciclos. Todo vuelve a empezar cuando finaliza.

La luz, el aire, la lluvia, el mar, el tiempo, cada partícula en el aire, todo con su ritmo y le dan ritmo a la vida, que también tiene el suyo, con el cual se expande y se contrae, nos acerca y nos aleja.

Todos tenemos un ritmo, aunque a veces puede variar, es nuestro ritmo único. Un ritmo al hablar, al andar, al mirar, al sentir, al reír, al llorar, al luchar, al amar, al transcurrir. Cada cual a su ritmo se integra a la música del universo. Además, creo que hay un ritmo interior y un ritmo exterior con el cual nos comunicamos con nosotros, con los otros, con la poesía, con los pequeños milagros cotidianos, con los cambios.

El ritmo no se ensaya, se tiene y debe respetarse, si te adelantas o te atrasas empiezas a hacer ruido y vienen los problemas, debes encontrar de nuevo tu ritmo, reconocerlo y seguirlo sin soltarlo.

Nuestro ritmo produce vibraciones con las cuales atraemos lo bueno y lo no tan bueno. Atraemos lo que necesitamos, lo que queremos y a lo que le huimos.

Nuestras relaciones tienen su ritmo, para imaginarnos e irnos conociendo, un ritmo que nos gusta, nos seduce y nos envicia, un ritmo que vamos descubriendo, que suele ser efervescente y luego calmado hasta que se detiene.

Todo a su ritmo comienza con un ritmo. Nosotros con el ritmo del corazón que nos acompaña hasta el último latido, cuando termina todo y comienza otro ritmo desconocido, el ritmo de la muerte porque de seguro también tiene su ritmo.