El planeta tiene su ritmo, al girar y al trasladarse, con
sus ciclos y ciclos dentro de otros ciclos. Todo vuelve a empezar cuando
finaliza.
La luz, el aire, la lluvia, el mar, el tiempo, cada partícula
en el aire, todo con su ritmo y le dan ritmo a la vida, que también tiene el suyo,
con el cual se expande y se contrae, nos acerca y nos aleja.
Todos tenemos un ritmo, aunque a veces puede variar, es
nuestro ritmo único. Un ritmo al hablar, al andar, al mirar, al sentir, al reír,
al llorar, al luchar, al amar, al transcurrir. Cada cual a su ritmo se integra
a la música del universo. Además, creo que hay un ritmo interior y un ritmo exterior
con el cual nos comunicamos con nosotros, con los otros, con la poesía, con los
pequeños milagros cotidianos, con los cambios.
El ritmo no se ensaya, se tiene y debe respetarse, si te
adelantas o te atrasas empiezas a hacer ruido y vienen los problemas, debes
encontrar de nuevo tu ritmo, reconocerlo y seguirlo sin soltarlo.
Nuestro ritmo produce vibraciones con las cuales atraemos lo
bueno y lo no tan bueno. Atraemos lo que necesitamos, lo que queremos y a lo
que le huimos.
Nuestras relaciones tienen su ritmo, para imaginarnos e
irnos conociendo, un ritmo que nos gusta, nos seduce y nos envicia, un ritmo
que vamos descubriendo, que suele ser efervescente y luego calmado hasta que se
detiene.
Todo a su ritmo comienza con un ritmo. Nosotros con el ritmo del corazón que nos acompaña hasta el último latido, cuando termina todo y comienza otro ritmo desconocido, el ritmo de la muerte porque de seguro también tiene su ritmo.
Vale la pena.
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