Todo comienza con un
sueño, una idea, la idea va tomando forma y fuimos testigos, en medios y redes
sociales, de cómo se fue ensamblando un sueño entre varios soñadores.
Me acerqué con toda la
curiosidad al Centro Cultural Chacao, quería saber cómo iban enfocar la vida de
Edith Piaf, una vida tormentosa, conocida y llevada al cine hace unos años con
mucho éxito.
En esta oportunidad es
contada en primera persona, en pinceladas y con el aire poético, que no sé si
correspondía fielmente a Piaf, pero que se trasluce en todos los escritos
Leonardo Padrón y una vez más se le agradece.
Mariaca Semprún y Édith
Giovanna Gassion son muy diferentes, pero similares en algo, sus talentos y sus
voces son extraordinarios, aunque no entiendas lo que cantan te pueden conmover
y en escena este fenómeno ocurre. Edith se presenta con su fragilidad y
fortaleza, con sus carencias y abundancias, con sus manos. Cierras los ojos y
la escuchas, abres los ojos y aparece, la sientes en todo momento frente a ti,
contándote y cantándote, encantándote.
El delirio de Piaf es un
musical palpitante, es un viaje en el tiempo a través de su vida, su
crecimiento y su desplome, enmarcado en su contexto histórico, la invasión
alemana, la censura y los prejuicios propios de la época.
"Piaf, voz y
delirio" es eso y más, es Edith Piaf cantada en su idioma, con el rigor de
Mariaca brindando una actuación vívida y real, un texto sublime, una banda en
vivo que magistralmente te acerca a París, una escenografía que danza,
imágenes, vestuario y luces que acompañan, todo te lleva de la mano para
presentarte el delirio de esta cantante icónica y fascinante.
Un espectáculo de esta
calidad en nuestra ciudad nos humaniza un poco, también es un acto de
resistencia, algo que me arrepentiría de no aplaudir de pie.

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