lunes, 17 de octubre de 2016

Una experiencia brutal, brutal



En Venezuela hay Chinos y tantos más Nachos, sin duda son populares apodos, comunes aquí, pero juntos son un dúo fuera de lo común que sólo al verlos en vivo puedes notar su dimensión real, su carácter, su potencial y su fuerza.
Siempre me sentí orgulloso de estos panas, de sus canciones bonitas, sencillas, que conectan tanto con niños como adultos, con todas las clases sociales, sin dificultad, sin pretensiones, con respeto.
Chino y Nacho además de su talento han sabido responsabilizarse, comprometerse y demostrarnos que, aunque son diferentes, los une algo que va más allá del camino recorrido, el sueño compartido, la música. Vuelven a Caracas con las manos llenitas de experiencias, de éxitos, con los ojos rebosados de caritas que, aunque bailan, se les inunda la mirada de la emoción, de recordar, de extrañar, de millones de vivencias que pueden concentrarse en la historia diminuta de una canción.
Profetas en su tierra y en el mundo, Chino y Nacho, saben que es aquí donde se les aplaude rabiosamente, se les baila con más intensidad, aquí es donde se canta con toda la voz y los gestos, donde el palpitar es más fuerte y se inflama el pecho, aquí sus canciones se sienten la piel y cada palabra se comprende, tiene sentido, aunque sean rapeada por un oriental. Aquí en Casa, en Venezuela, en donde están las calles en las que ustedes crecieron, fueron, hicieron, comenzaron, aquí donde estamos su gente, los que aún quedamos, porque ahora tenemos el país regado por otros países, países en los que ustedes también han sabido llegar e instalarse, con sus canciones, con un poquito de la Venezuela que somos en esencia, porque aunque uno se va del país el país no se va de uno.
Sí, Nacho, valió la pena cualquier esfuerzo, inmaterial o material, que hicimos para estar ahí, para ser parte, de todas partes de Venezuela, con los amigos, con la familia, hasta con la lluvia, con la contentura de un niño que va a su primer concierto, con la ansiedad de un discapacitado que camina con dificultad y que correría a verlos, con la necesidad de tantos que por un instante desean abstraerse de la realidad y dejarse llevar al son de “güira y tambor”, con sus canciones que ya son nuestras. El arte también es un producto básico, de primera necesidad.
Vengo de una Venezuela en crisis, vivo en una Venezuela en crisis, es lo que conozco, lo que conocemos, nuestro estado natural, pero estar en un concierto de Chino y Nacho es reconciliarnos con la nacionalidad que tenemos herida y que nos hiere tanto.
Gracias por ese instante de entregarlo todo en el escenario, por no quererse bajar, por mojarse con nosotros, por una experiencia brutal, por entregar hasta los zapatos, Gracias Ignacio. Gracias Jesús.



3 comentarios:

  1. Hermosas palabras! Y al unísono de todos quienes los admiramos, apoyamos, y nos deleitamos con su música...

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