miércoles, 22 de marzo de 2017

Historias de autobús


“Es inútil desafiar al corriente, al final quien decide es el corazón” le canta un chamo de bachillerato en el autobús a su compañera de clases en lenguaje de señas, mientras recuerdo que la primera vez que la oí todavía no había salido de la primaria y no imaginaba que esa canción significaría tanto en mi vida, como significan y me acompañan otras tantas canciones de Franco De Vita. Fue un momento mágico y poderoso que me traslado a otros momentos, me conmovió incluso y me llenó de orgullo porque la buena música permanece, se hereda y hasta se canta con las manos, casi forma parte del ADN de los venezolanos.

jueves, 9 de marzo de 2017

Dejamos de percibirnos



No siempre noto algo cuando intento percibirlo todo a la vez. De pronto cuando niños somos más difíciles de engañar porque el lenguaje no nos influencia y tenemos gran habilidad para percibir el mundo, al parecer es una habilidad que vamos perdiendo.

En mi pensamiento percibo la soledad y no la siento, confío en las palabras y silencio el instinto, tal vez dejamos de hacernos caso, vemos pero no miramos porque a veces ver tiene que ser desde adentro y es así como se percibe la belleza, se oye mejor, se siente y todo se saborea diferente.

En entorno me conciernen, los sentidos me preguntan y me responden, lo que sentimos no nos miente, pero nos mentimos nosotros. Muchas de las cosas que hacemos son resultado directo no sólo de lo que pensamos, también de qué y cómo sentimos.

Vivimos con los sentidos inundados, se nos mezclan los olores con lo que escuchamos, el roce una mirada, el sabor de tus palabras y dejamos de percibirnos.

viernes, 3 de marzo de 2017

No se pierde lo que se siente



Desde todas las direcciones y como todo a la vez, como que el universo en su latido nos acerca y nos aleja, como que somos pedacitos de nosotros y de los otros que se nos acumulan en la mirada, en el rostro. Un rompecabezas, una contraseña indescifrable, un destino en el que nada, nada, es accidental.

Esperábamos que al vivir sin sentido, sin sentir, ya no duela tanto, pero lo que se siente no se pierde. El dolor verdadero es el que aflora cuando nadie nos mira, nos presentimos efímeros.

Cuando te miro te absorbo y te bebo hasta hacerte parte de mis ojos, me abrazaste y me transformaste, miro lo que miras e igual siento lo que sientes. No me dejarás nunca más y somos únicos, somos lo que podemos ser. El tiempo encuentra sus maneras y tiene sus formas de hacernos entender.

Casi algo que ha nacido conmigo, algo que se me parece y es mío de toda la vida, tus ojos me sonríen y no se pierde lo que se siente.