“Es inútil desafiar al corriente, al final quien
decide es el corazón” le canta un chamo de bachillerato en el autobús a su compañera de clases en
lenguaje de señas, mientras recuerdo que la primera vez que la oí todavía no había
salido de la primaria y no imaginaba que esa canción significaría tanto en mi vida,
como significan y me acompañan otras tantas canciones de Franco De Vita. Fue un momento mágico y poderoso que me traslado a otros momentos, me conmovió incluso y me llenó de orgullo porque la buena música permanece, se hereda y hasta se canta con las manos, casi forma parte del ADN de los venezolanos.
Así es, la buena música permanece en el tiempo, y te estremece cada vez que la escuchas
ResponderEliminarQue bueno que así sea, además que bueno que el amor siga ocurriendo, en cualquier lugar, a veces hasta con las mismas canciones...
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