Los grandes descubrimientos a
veces ocurren simplemente, cuando estabas haciendo algo y te
tropiezas, estás viendo a otro lugar y te das cuenta que algo pasó, alguien llega, se hace un silencio, suena una canción que no conocías, me dices que no vas a de caer mientras estemos juntos y la casualidad juega con nosotros
incesantemente y hace sus planes sin tomar en cuenta distancias, horarios,
fechas, sin buscarlo y sin esperarlo.
Te vas cuando estoy llegando
a tu vida, eres luz aún durante un apagón nacional más terrible, una palabra
dicha por ti me eriza más rápidamente que una caricia del viento, te extraño
como si te tuviera y soy tuyo, te escribo de lo que nunca había dicho y siento
lo que no había sentido, en todos los sentidos, con sentido.
Eres todo lo que se puede
pedir intensamente al universo y ni lo notas, das sin saber lo que tuviste, eres
la razón por la que quiero dormirme más temprano y soñar, pero también eres la
razón por la que en las noches no puedo dormir y abrazo fuertemente a la almohada
que bien deberías ser tú.
Tal vez me estabas
esperando, necesitabas a alguien como yo que quisiera ser alguien para ti, alguien en tu vida. Vivimos en islas diferentes y me dices que quieres aprender a nadar.
Hoy escribo para atrapar mi
voz en este lugar. Últimamente siempre hablo de ti conmigo, como si estuviera frente
a un cielo nocturno, observando maravillado de tus estrellas, planetas y
satélites, nubes, polvo cósmico y materias oscura que no logran opacar tu
brillo, toda la energía que eres y unidos por nuestras gravedad. Podría pasar toda mi vida
contando tus estrellas y la última noche del universo la pasaría contigo.
Eres mi galaxia.
