En el pueblo donde crecí no
es que la luz se iba es que de vez en cuando llegaba, porque el servicio eléctrico
era tan cambiante como el clima y la más ligera brisa o rocío mañanero dejaba
la casa sin electricidad por horas.
Aún en esas horas lentas
y pegajosas los juegos no se suspendían por falta de electricidad, siempre
había algo que hacer, algo que descubrir, algo que inventar.
Uno de tantos días quise oír
el LP de Karina y lo puse en el tocadiscos, lo encendí y cuando estaba llegando
al coro se fue la electricidad y siguió sonando muy despacio por unos segundos
mientras se detuvo, fue cuando descubrí que al girar el acetato con la mano y
acercar la oreja podía seguir escuchando la canción en una versión en voz baja, más intima
y realmente desenchufada, pero podía escucharla y era feliz.
Que nada te detenga.
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