Hace un tiempo supe que no nos entendíamos por escrito, pero
sin embargo vuelvo a escribirte. Luego de leer nuevamente nuestros mensajes lo
único que puedo decir es que faltó claridad, algunas cosas no se dijeron y
otras se dijeron de forma inapropiada y eso puede pasar, incluso entre amigos.
Hace falta hablar y a veces hasta vernos para poder comprender todo lo que se
quiere decir.
No quisiera pedir perdón, no quisiera pedir permiso, para
seguirte queriendo, la verdad es que no entiendo por qué la gente cambia cuando
están de novios “por respeto”, tal vez porque yo nunca cambié con mis amigos
por estar con alguien o porque el respeto va para mí en otras cosas. La verdad
es que sigo adorando tu luz, me siento orgulloso de ti y de la persona
encantadora que eres, siento que la vida nos juntó para crecer y eso lo
agradezco siempre tanto porque he crecido contigo.
Disculpa lo malo, disculpa si mi tono ha cambiado y mi voz
suena ahora diferente, mis palabras un poco definitivas. Tu amistad siempre fue
refugio y adoro tu dulzura ferozmente. Renuncié a verte ahora, y tal vez a
verte, por no hacer ruido en tu relación, para no provocar celos, porque además
que no soy bueno para ver la frontera, el stop, el “no pase”, pienso que las amistades deben quererse sin pretexto. No importan los
planes, la emoción, la ilusión porque no quiero conversaciones breves, quiero
poder hablar contigo de todo, de nuestra niñez, de la magia, del sexo, de lo que te quita el sueño, de tus
olores favoritos, creo que nos lo debíamos así. En un momento me empecé a
desconocer, porque no soy de los que renuncia, por eso trate de sobreponerme al golpe de las emociones que sentí,
no te entendí y te pido disculpas. Llueve y ha llovido, abrázame y no tengamos frío.
Qué generosos tu corazón y tú, por querer así, por sentir así y por compartirlo.
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