Que nadie diga que me conoce hasta
que no se haya tomado un par de cafés conmigo, que no sepa el tono exacto del
café de mis ojos y qué tanto de azúcar me gusta.
Tomar un café forma parte de mis
rituales personales, ritual que sólo es grato compartir con gente muy especial.
Incluso cuando no tomas café debes entender que nadie lo hace porque tenga sed
o porque le encante, lo hacen por necesidad, por costumbre, por deseo, por placer, porque es
el momento perfecto, porque quieres conversar (contigo, con alguien más) o por
cualquier otro pretexto, incluso sin pretexto.
El café es el despertador, el primer
beso de las mañanas, el necesito hablar contigo, el silencio
necesario, el quiero verte, el te quiero, el lujo que todos podemos darnos, el muchas gracias, el por favor, el hola, el
bienvenido, el ¿Cómo estás?, el no te vayas, el tengo frío, la taima, el
espérate, el vamos a organizarnos los pensamiento y también los sentimientos, el mirarnos, el respirar profundo, el
buscarnos en el tono exacto del café que hay en tus ojos.

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