Las felicidades, como los sueños, no sólo ocurren, también
se construyen y se deben construir a diario, a cada instante, con lo que hay,
con lo que se tiene a mano. A diario mientras el alma va recalculando y
adaptándose a los cambios, esperando el viento para tenderle las velas,
tejiendo y destejiendo, apilando y derrumbado para volver a construir algo
diferente con lo mismo que había, así como de tripas corazón, como de optimismo
a más optimismo, de paciencia como defecto a paciencia como virtud, todo cambia
y busca un sentido.
Con todo lo que nos escasea por estos días, lo básico, las
sonrisas, la amabilidad, el tiempo, los besos y tantas otras cosas, ahora
trabajo el doble para tener un tercio de la mitad de la suerte que tenía, ahora
corro más para no retroceder, ahora que por todo hay colas, ahora todo cuesta y
es cuesta arriba, ahora se nos llena la vida de despedidas de todos los
tamaños, ahora que somos extraños. Ahora yo trato de vivir en el intento y no
morir cada vez, construir las esperanzas, que también se construyen, porque también
son sueños, la verdadera felicidad que comienza por fe, la que casi no se
percibe pero está y te da fuerza para continuar de instante en instante. Ahora
trato de no verme en los espejos de mi casa, ya no son honestos, ahora reflejan
lo que hay pero también lo que faltas en cada pedacito, en mi sentido, en mis
sentidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario