Todos
llevamos abismos y cimas por dentro, con sus temperaturas, con sus
colores. A diario realizamos actividades que nos parecen totalmente
inútiles como necesarias, pequeños pasos que
nos justifican y nos dan sentido, montañas para mover y montañas para
subir, con la
fe que heredamos y la fe que adquirimos en el camino.
Nuestro clima, nuestro paisaje interior también incluye a
nuestros afectos, nuestra ciudad, nuestros pensamientos y todo lo que construimos con los
pedacitos que conocemos, con los pedacitos que imaginamos, con los pedacitos que
recordamos y con los pedacitos que soñamos, estamos hecho de eso.
Entre lo concreto, lo abstracto, lo peligroso y la calma
estamos abrazándonos desde adentro para poder sobrellevar todo lo que nos
ocurre alrededor, porque la verdadera libertad está en la voluntad y la
responsabilidad, porque la oportunidad llega más rápido si la creamos, porque en sus valores está el valor de la persona y en su
alma cabe el universo, la belleza y la paz que debemos llevar con nosotros para encontrarla en cada abismos y en cada montaña.
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